19 de marzo de 2013

Esta noche vi a un hombre que nadaba en la alberca.
Sus brazos eran perfectamente largos.

(Si usted alguna vez ha nadado sabrá que es un acto de libertad y soledad profunda, algo muy íntimo que alimenta la alegría interior y la fortaleza: es como volar pero en el agua).

Se deslizaba con tanta belleza.