14 de marzo de 2013





Martín llega todas las tardes a mi oficina para solicitar prestada la guitarra. Algunas tardes no la regresa y dice que cuando llega para devolverla a su lugar me he ido. Hoy con el pretexto de que la estaba afinando se quedó un buen rato en el sillón y empezó a cantar.

Luego entró Andrés para platicarme sobre un proyecto de electrodos que colgará de un árbol para registrar la música que produce el viento cuando mueve las ramas y otro más que es un video sobre el nacimiento del lenguaje: las letras van a ir apareciendo en la arena, enseguida van a volar hasta formar palabras. Primero van a nacer las vocales y la p. Dice que él y equipo van a pasar todo un día en la playa haciendo que nazcan las palabras para el video. Lo bueno de sus historias es que las realiza, lo vi formando las letras con cartón y envases de plástico.

Después llegó Zaira para decirme que las chicas de danza árabe hicieron una coreografía sobre piratas y sirenas, que se trata sobre la relación entre lo masculino y lo femenino, la lucha entre el bien y el mal, y la fantasía como la forma más simple de contarlo. Y así, se quedaron en la oficina mientras fueron llegando otros chicos a compartir sus proyectos.

Los escucho y descubro cómo se comunican con todo el cuerpo, generan cierto tipo de estelas cuando mueven sus brazos y hacen bailar sus manos cuando hablan, sus expresiones se iluminan, con sus miradas dicen tantas cosas y los ojos se les abren. Martín rompió una de las cuerdas de la guitarra y compró unas nuevas, la guardó en su estuche y  regresó un poco después para llevársela de nuevo.

Ultimamente cierro la puerta para poder atenderlos uno por uno, sin resultados. Ellos llegan, la abren, entran, la cierran y buscan donde sentarse. Esperan o se ponen a platicar entre ellos. Con los profesores sucede lo mismo y hasta se ponen a platicar con los estudiantes en tanto me desocupo de atender a alguién más.

Me siento como enamorada, contenta casi todo el día, feliz adentro, contagiada por completo de sus ánimas. Por ahora ellos son mis otros, de carne y hueso, y estamos aprendiendo a estar juntos Aquí, a acompañarnos en el Ahora. Aveces pido ayuda, no puedo sola con tanta cosa y toda esta energía que me dejan, sobre todo cuando me doy cuenta de todo lo que hay por hacer en la universidad. Quiero llevarlos a la calle y descubrir qué es lo que ven para preguntarles muchas cosas.