26 de junio de 2012

Estoy retecansada esta noche, pero no quiero acostarme sin escribir. Disponerme a escuchar a mis amigas y a entablar diálogos frecuentes entre nosotras abre una puerta inesperada. Mujeres queridas todas, que a través de su amistad me nutren. El universo de las mujeres es tan otro, sucede en un lenguaje apenas perceptible. Las hay gritonas, sin duda. Pero son tantas las que se esconden de sí y cuando por fin se dejan escuchar crean un mundo tan inmenso. Me siento afortunada por descubrirme junto a ellas, son realmente hermosas.

También quiero escribir que no hay cosa más terrible que deshacerse del hombre de tus sueños, sobre todo cuando te das cuenta de que ni siquiera se parece al hombre de tus sueños y que éste es una construcción infantil que ya nada tiene que ver con tus deseos actuales. Una caricatura del amor y de las relaciones entre los sexos opuestos. Estuvo bueno el viaje, sin duda. Prolongadito. Tal vez había que vivirlo. Acabar con esa imagen hasta en el sueño termina por hacerme finalmente libre, libre de las telenovelas, de una tradición que me aminora y me reduce a la voluntad ajena. Toda una sorpresa este descubrimiento. Y entonces empiezo a verme de carne y hueso y a ver a los hombres reales, con sus panzas y sus olores reales, sus miedos y sus dudas reales, muy reales y vivos. De éstos no sé nada, ahora los observo y me parecen casi todos tan atractivos, tan sin saber qué hacer y hasta ganosos de cariño.

¿Pero por qué tiene que ser tan jodidamente doloroso llegar a este entendimiento? ¿Por qué toma tanto tiempo y tantas relaciones darse cuenta? Vivimos sometidas a un montón de absurdos.