11 de junio de 2012

¿Por qué no me ubico en un lugarcito tranquilo y me caso y tengo hijos
y voy al cine, a una confitería, al teatro?
¿Por qué no acepto esta realidad?
¿Por qué sufro y me martirizo con los espectros de mi fantasía?
¿Por qué insisto en el llamado?
Alejandra Pizarnik

Esas han dejado de ser las preguntas. Ahora tenemos un mundo que nos pertenece. Creamos nuestras propias opciones, decidimos. Más no todas. Hay mujeres invisibles, las hay también que niegan su existencia, que no saben cómo verse a sí mismas todavía. La maternidad sigue ocupando un lugar central entre nuestras expectativas, pero no es la única, no puede ser la única y es la única que este cuerpo animal procura casi siempre. Pero juntas, ellas y nosotras, cada una en su tiempo, hacemos las preguntas indispensables y ocupamos el mundo o lo inundamos con sangre y agua.

¿Cómo traer a la consciencia los derechos del cuerpo?
¿Cómo darle existencia a un cuerpo? ¿Hacerse de él y de su política?
¿Cómo apropiarnos de nuestros cuerpos? ¿de sus diferencias frente a los otros cuerpos?
¿Cómo dejar atrás un cuerpo sexuado objeto?
¿Cómo ser desde el cuerpo en el espacio público sin masculinizarnos?