20 de junio de 2012

Hoy fui a comer a la nueva "Sonrisa" en la Zona Río. Dispone de un par de mesas donde se sienta cualquiera que llegue. Así, el que llegue. En Tijuana es algo por completo inusual, acostumbrados a nuestro espaciesito pinchi es una novedad a la que estoy dispuesta.

Esta tarde comí con un  señor con cara de oficinista y licenciado.Frente a una sopa de garbanzos, habas y chícharos me contó sobre su fascinación por los imanes, dijo que los colecciona desde que era un niño. Movía sus manos para explicarme las fuerzas de atracción de los coantrarios y la repulsión de los iguales. "Se debe a los polos magnéticos, igual pasa con los seres humanos. Somos magnéticos, nos mueve la electricidad".

Cuando llegaron las enchiladas de papa con zanahoria me preguntó: "¿Has tratado de unir dos polos iguales? ¿Qué hay enmedio de ellos y por qué los contrarios se unen de inmediato?". Enseguida nos trajeron el postre y me preguntó mi nombre. "Miriam, gracias por escucharme. Creo que nunca le había platicado a nadie sobre esta cosa curiosa". El hombre tiene un cargo muy acá en la Junta de Conciliación y Arbitraje, lo mencionó poco antes de que me fuera.

Quiero una nave
Hará unos meses le contaba a un tipo que si todo cuanto nos rodea está compuesto por átomos y éstos tienen protones, electrones y neutrones, todo en el universo debería tener una carga eléctrica y responder a ella. Entonces, decía yo, si utilizáramos la fuerza de los campos magnéticos podríamos mover cosas sin contaminar el mundo y el espacio, también podríamos volar. Y si en el universo fuera de la Tierra ocurre lo mismo, ¿esta fuerza puede servirnos para viajar en el espacio? Digo, la imaginación es el principio de todo.