24 de noviembre de 2012



Anoche terminé un trabajo final para la escuela, que lo cierro, lo busco para cambiarle algo y nada de archivo. Lo guardé en algún lugar muy virtual. Y a darle hasta que amaneció para rehacerlo. Claro que no escuché el despertador y llegué hasta las diez de la mañana a la clase. La profesora me ignoró, no volteó a verme hasta las doce cuando intenté entregarle el trabajo y no lo aceptó. Me dijo que si no era mi prioridad estar a tiempo en la clase era cosa mía, pero que su prioridad era atender a los alumnos que llegan a tiempo. Así. Le dí las gracias y me respondió "por nada".

En la segunda clase me fue mejor. Vi a todos mis compañeros ojerosos y estoy segura de que uno de ellos estaba dormido con los ojos abiertos. Todos tenemos más de treinta años y por lo menos un trabajo. Me sorprenden un par de compañeras que a pesar de su notable cansancio llegan a tiempo, con las tareas hechas, muy peinadas y maquilladas, como si el orden se les diera en forma natural. Además, no discuten con nadie, hacen lo que se les pide y ya. El orden no es natural, la disciplina menos.

¿Cuáles son las ventajas del orden? Es problable que usted ya se lo haya cuestionado y hasta resuelto. Yo cuestiono la obsesión por el orden, la sistematización y la planeación que implica participar en el campo académico. Tengo cierta resistencia al Orden fundamentada en mi incredulidad sobre éste como única vía de producción del conocimiento. En ese sentido soy una inadaptada. Pienso en las "Reglas del juego" y observo en el proceso educativo un acondicionamiento de la persona y sus prácticas para poder participar en él. Tendré que hacer algunos ajustes para sobrevivir en el mundo académico desde una actitud crítica y autocrítica, sobre todo, que apele a la armonía y me sea útil para conservar mi trabajo.

Estoy transitando de la inadaptación a la acreditación y algo me truena.