12 de noviembre de 2012





Insondable

Después del último nivel explorado del mar las aguas cambian de color y de temperatura. Especies luminosas de un aspecto horripilante para la superficie se presentan en aquella oscuridad. Lo otro refugiado en ese universo imperceptible aguarda. Melodías de unas como olas que no estallan, de ríos que se tejen con todas las aguas submarinas y ecos de seres telepáticos alumbran, por instantes hasta la ceguera. La boca de un túnel incoloro se abre y sopla un como viento que no es viento sino apenas el rastro espectral de un todo que no sé cómo nombrar. Adentro danza un espiraloide que de lejos larva y cuando cerca algo parecido a una serpiente irradia. Estos que han dejado de ser mis ojos, agudos y pacientes buscan. Esta nave afecta a la arena, al cielo, tras Neptuno.
 
 
 
Baile de Moiras
 
garras al viento al agua
algo rompen
sangre invisible brota de eso en ocasiones llamado nada

una imagen deforme opaca muda sin contornos
sin estructura queda
irracional

el absurdo instalado en el escenario
el absurdo
un sueño el guión y un sueño

baile de Moiras
y una flamita
¡cuánta arena!
 
 
 
 

Espiral 39, julio-agosto 2012.