25 de marzo de 2012

Los sábados asisto a seminarios sobre cultura escrita. Las sesiones detonan preguntas y evidencian mis lagunas formativas. Esta vez revisamos géneros periodísticos y ninguno de mis ejercicios funcionó. En primer lugar porque no entiendo la lógica de este tipo de textos, desconozco las reglas y no les he prestado la suficiente atención como lectora; y en segundo, porque a decir de los participantes, no soy objetiva. Las siguientes líneas son cuestiones que se suman desde ayer a mis planteamientos de días pasados sobre el lenguaje escrito:


Me cuesta comprender eso de la objetividad en los géneros periodísticos. ¿De qué hablan?, pregunté. Todo texto es subjetivo, sin excepciones, les dije. Entonces vinieron las explicaciones: que si las preguntas que deben responderse en una nota de prensa, que si el encabezado, que si vende o no, que si el lector se queda o se va, que los protocolos, que en la crónica el autor no escribe lo que a él le pasa sino aquello que le sucede a los otros. Que no de mi punto de vista. Pues no, no estoy de acuerdo y eso no puede ser, todo texto escrito lo incluye, expresé. "Sí hay una opinión, pero no se evidencia". Supongo que en las escuelas de periodismo reflexionan sobre estos problemas, en este caso la sesión llegó hasta ahí, fue muy rica en reflexiones y tengo estas preguntas:

Entonces, ¿a los lectores les gustan las mentiras y los trucos, se sigue el juego de escribir sobre un tema cuando se quiere comunicar otro? Desde esta perspectiva sobre la escritura para prensa, ¿hay que aprender a decir las cosas a medias y ocultar lo que el escritor opina? ¿Hay que contribuir a las medias tintas y además no mencionar lo que uno siente? ¿A caso los lectores no sienten? ¿Los lectores de las notas de prensa no sienten nada, se les ofrece un texto escrito sobre la realidad como si fuera ficción y ellos deben “actuar” como si fueran lectores objetivos? ¿Indolentes? ¿Prácticos? ¿Tiene que ser todo muy ameno y ficcional para sostener esta aparente realidad? Depende de la línea editorial.

Los lectores, además de ser lectores, son personas que están vivas, sienten y viven en el planeta Tierra. No son un ente, tienen un cuerpo físico que necesita ser reconocido completamente.

El lenguaje escrito está colonizado. Las prácticas del lenguaje escrito continúan siendo Modernas y sirviendo a la perpetuación de esa cultura, esa política, esa economía.

Existe una diferencia entre escribir bien y alimentar un pensamiento crítico que utilice como uno de sus medios el lenguaje escrito, pues el lenguaje escrito no es absoluto. No lo es. Existen otros lenguajes y son considerados menores debido a la centralidad de la escritura en la Modernidad, establecida por las mismas comunidades productoras-consumidoras de discursos, a partir de la asociación establecida de Lo Escrito con Lo Civilizado, Lo Científico, Lo Real, Lo Verdadero: Lo Razonable.

Estas prácticas culturales dominantes centradas en el lenguaje escrito no asumen abiertamente la importancia del lenguaje visual, de la oralidad y menos del lenguaje corporal. Considero que se sirven del lenguaje visual, de la ficción y lo simbólico, sin embargo no lo hacen de manera evidente ni educan a la población para que tenga la capacidad de asumir una decisión frente ellos. En la práctica, las comunidades productoras de discursos dominantes asumen los lenguajes como si fueran campos separados y apelan a la especialización. Desplazar este problema hacia "ellos" implica no asumir la incorporación de ese sistema en mi y en cada uno de nosotros, por lo tanto para actuar ante esta condición es necesario reflexionar cómo opera, cómo y cuádo lo reproduzco.

Hasta hace poco pensé que era una cuestión de paradigmas, que era un problema de circulación de conocimiento. Ahora creo que es un asunto de la cultura política relacionada con el mundo social que cada uno está interesado en legitimar y en sus expectativas. No sé si es un deseo inconsciente de seguir siendo lo mismo o si es el deseo consciente de conservar sus certezas, si es una de las formas del conservadurismo.

Reconozco que aprender a escribir toma tiempo. Acepto que es a través de la práctica, la lectura y la crítica que se enriquece. Pienso, sobre todo, que lo más importante es saber para qué se escribe, para quiénes, por qué continuar, desde dónde y saber decir:

No estoy de acuerdo, yo pienso que… y asumir las implicaciones. No sé cómo participar en campos profesionales que sostienen principios que no comparto y me ocupa el cómo, pues también es mi campo laboral y tengo derecho al trabajo. Por el momento sostengo que somos creadores de lenguajes, tiene que haber algunos otros con quienes pueda construir otra forma de vivir.