4 de agosto de 2012

Desde el 2 de julio he estado visitando a mis amigos y hablando con otros que nomás conocía de oídas o de leídas. Estamos construyendo una red o más bien encendiéndola. Todavía me falta reunirme con otras personas.

Entre las propuestas están aprender a ser comunidad y a escuchar, a poner atención en lo que piensa, siente y hace el Otro. Y de ahí partimos. Estamos organizándonos, que viene de la palabra orgánico: vivo, viva: "Dicho de un cuerpo: Que está con disposición o aptitud para vivir". (De un cuerpo).

Como principios les he planteado estos, además de trazar objetivos concretitos de trabajo para  la educación y una nueva cultura política. Incluí los conceptos: autonomía, libertad y felicidad. Todos ellos han hecho contribuciones riquísimas y estoy aprendiendo intensamente a escuchar, a ser respetuosa, a poner límites y a ser abierta al mismo tiempo. (Hoy los escuché murmurar: mírala, se pone muy seria cuando discute, ¿está enojada? No, dijo otro. Así se pone cuando discute o cuando se desespera o cuando piensa que tiene razón, no se queda callada). No me quedo callada.

La palabra felicidad fue pueseta en cuestión y a cambio me propusieron bienestar, pero sucito un mitote enriquecedor porque plantearon que "bienestar" es una palabra que "usan los políticos". También se dijo que buscar la felicidad en una agenda de trabajo era muy utópico. Entonces, entró en debate la utopía y al final creo que se aceptó la palabra felicidad como un objetivo común.

La felicidad también es una demanda justa, algo que guía un plan de trabajo. ¿Acaso no tenemos derecho a ser felices y a luchar por ser felices, juntos?

Me sorprenden las dificultades que tenemos para ponernos de acuerdo en cosas tan aparentemente sencillas. ¿Cómo es que somos un país o una cosa tan imaginaria como una nación?

Tejer una red e iluminarla toma tiempo, requiere un cuerpo, paciencia, amor, paciencia, amor.
Esto ha sido un aprendizaje constante. Y estoy muy muy contenta, rodeada de personas hermosas,  llenas de talentos, miedos, sueños, risas y diferencias.

La primera organización que sale de todo esto se llama Colectivo Diógenes-círculo de estudios sobre memoria histórica y  movimientos sociales en México para la educación y otra cultura política, en ella participan historiadores y comunicólogos muy jóvenes. Después de dos semanas pudimos acordar el objetivo y la forma de organizarnos. Planes y propuestas llueven.

Estamos trabajando en la formación de otros colectivos y tenemos el sueño de encender la red, nuestra red, una norteña capaz de vincularse con otras redes. Ahí vamos.