17 de enero de 2012

Estamos moviendo mucha energía. Intenciono mis pensamientos esta noche para que se fortalezca en nosotros la claridad.




Hoy inició un nuevo ciclo, que es un viaje. Tal vez inició hace tiempo y apenas lo reconocí.

El mío es un viaje hacia adentro. San Pedro deja marcas indelebles, continuas.

Lo comunicado baja al entendimiento a través un tiempo que no es del todo nuestro.

A veces dice cosas que no dice. Yo 

percibo lo indecible, lo sin cuerpo. Así queda.

Adentro hice mías las enseñanzas que a través de él. Lo demás es finito,

materia, cosa destinada a la transformación perpetua.

Toda mi luz, mi oscuridad. Son camino para estos como pies, como alas. Lo propio,

lo que es uno, ese ser sola que a veces se descubre acompañada.

Existen tramos que son solos. Se va por ellos

con alegría, con nostalgia y con mucha fe.

Hoy contacté un ser yo desconocida. Una puerta insospechada. El Espiral,

esa existencia. Este cuerpo lleno de misterios y pelos de luz.

El espectro de un ser radiante, otros, otro. Lo intuyo.

La Cueva, sus espejismos de realidad. La Cueva, una dentro de otra, infinitas.

Y un como desprendimiento, un como salto donde me elevo.

Vuelo.

Soy del mundo de las cosas simples, de las no cosas

que son profundas, de su densidad. Allá. Tintineante

hermenéutica que brilla.

(Luciernaga).

Hoy al estar Aquí, estuve Allá. Así funciona,

la vi, me vi. Sucedo en múltiples frecuencias.

Hermosa.

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