30 de enero de 2012

Observa mi casa desde hace meses. Primero desde el carro estacionado frente a mi puerta, después junto a la reja, luego tiró mis macetas y empezó a pegarse a mi ventana. Me dio como pena, andaba solo por todos lados.

Aquí dentro están mis gatos. Los alimento, les doy cariño y decidí dejarles una ventana abierta para que entraran y salieran en mi ausencia a socializar. Van y vienen, me esperan por las tardes, noches o mañanas. Parece que se alegran al verme, ronronean y no cesan hasta que los abrazo.

Este otro, observa. Dejó de temerme. Descubrí su olor hace unos días en las habitaciones y noté que la comida de mis gatos se esfumaba rápidamente. Ahora me ve y me hecha pleito, me reclama algo que supongo en su imaginación le pertenece: mi casa, mi cariño, mi atención. ¡Y nel!

Hoy intenté dormir temprano y escuché un ruido en la habitación de abajo. Me lenvanté en chinga y que lo agarro. Es un gato güero, grandote, pleitista. Andaba aquí no sé qué haciendo y que le caigo al infeliz. ¡Záquese! y corrió hasta la venta. Huyó.

El Flechito no está en casa. No regresa. La Antena duerme a mi lado mientras escribo. Creo que no debo abrir la ventana, que mi gato estará bien. Y si no, ya le tocaba.