6 de enero de 2012

Se me cimbró el cuerpo tras escucharle. Enseguida me sentí desarticulada, así tal cual: articulaciones rotas y extremidades dispersas. El lenguaje también se me rompió, sólo quedó una incertidumbre dura. ¿Quién eres? ¿Quién soy? ¿Con base en qué estamos aquí como juntos? ¿Y por qué hemos creído que ésto es un diálogo?

Esta no es una historia de amor sino la de una fractura epistémica entre dos que suponen hablan de lo mismo, pero lo mismo nunca es lo mismo. Permanecí sentada y por puro miedo a que su imagen se disolviera en el aire o se pixeleara me contuve de tocarle. ¿En verdad hablé frente a un espejo?

Miles de años aprendidos a través de la historia, horas de estudio, lecturas críticas a modo de que lo mismo permanezca: intacto. La mentira es un acto de crueldad, más si la creen miles y sobre ella cimientan cada uno de sus actos. ¿Quién hubiera supuesto que la virtualidad deviniera en el descubrimiento del mundo real?  ¿Si actúo en consecuencia muero? ¿Es necesario aceptar la mentira como un hecho ineludible para sobrevivir, participar en ella? ¿Soy yo con mi marco conceptual prefigurado la única que no ve lo que está ahí evidente, documentado, viajando a través de esta frecuencia, manifiesto en las calles del mundo? ¿Por qué si he estado aquí y allí sosteniendo un discurso no entendí nada? ¿Y todos mis años de creencia quién me los devuelve? ¿A quién envío el reclamo por el daño moral, por enloquecerme? ¿Me exculpo?

Lo que siguió fue una ruptura impostergable, un sinsentido temporal, la dis-torsión de las cosas, la destrucción del mundo, el arte de argumentar. Después apareció una nave, junto con ella la neurociencia y los neutrinos. Deseo, un impulso alucinante.



Mi mente está colonizada.

He transitado sobre rieles falsos en vagones de humo.
-¡Bajan!



(Pienso en Luc y me pregunto si ya lo sabe, si es lo que intenta comunicarnos).