Una mañana, después de un sueño, él lo comprendió. Hizo un viaje que parecía tener un propósito, pero era otro: descubrir una ciudad para nombrarnos y reconocer lo vivido juntos. Pasaron como mil años.
Tezcatlipoca tiende sus trampas y se ríe. Me hace un presente. Este sueño se parece a aquél, sólo he conocido a dos rodeados por actos de magia involuntaria. Cada uno me ha acompañado a abrir puertas insospechadas de la consciencia y a experimentar una forma de vivir que nunca me hubiera imaginado.
[Por supuesto que no terminé la tarea, la trampa es siempre doble].
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