5 de mayo de 2012

Creo en los vínculos indestructibles, soy testigo de su fuerza. Pero no comprendo su dinamismo, ni el tiempo en el que transcurren. Su naturaleza me sorprende.












Una mañana, después de un sueño, él lo comprendió. Hizo un viaje que parecía tener un propósito, pero era otro: descubrir una ciudad para nombrarnos y reconocer lo vivido juntos. Pasaron como mil años.

Tezcatlipoca tiende sus trampas y se ríe. Me hace un presente. Este sueño se parece a aquél, sólo he conocido a dos rodeados por actos de magia involuntaria. Cada uno me ha acompañado a abrir puertas insospechadas de la consciencia y a experimentar una forma de vivir que nunca me hubiera imaginado.

[Por supuesto que no terminé la tarea, la trampa es siempre doble].